2-06-2008
Oreja a la plancha, tintorro peleón, barbacoa grasienta y aguardiente casero.
Country, Punk, Soul, Pub-Rock, Rhytm & Blues… Little Richard, Mojo Nixon, Dr Feelgood, Bo Diddley y Nine Pound Hammer.
Creedence Clearwater Revival, The Pogues, Neil Young y Sex Pistols.
Danzas epilépticas, felicidad contagiosa y gritos a la luna.
Todos estos huesos son LOS CHICOS, una de las mejores bandas que ha dado este país en los últimos años.
Sexteto de Madrid que, al igual que la San Miguel, donde van triunfan, tocando sin para por todo el País, por el vecino, parte de Europa y sobre todo en la Gran Bretaña donde son reclamados de forma habitual contando con numerosos fieles y donde incluso han editado su último vinilo con una discográfica de allí.
Para mi tienen todo lo que ha de tener un grupo para ser grande. Salvo fuerza mayor se presentan en cualquier ciudad a hacer mover los culos del personal, montando unas party-o-ramas muy cercanas a las orgías romanas . A base de tocar y tocar las tablas ya son suyas y no hay festival underground que no quiera contar con ellos.
En estudio no andan mancos, con tres discos ya editados, cada uno siendo un paso adelante respecto al anterior.
Del caótico y divertido “Shakin´ & Prayin´”(2.003), pasaron al monumental “Fat Spark” (2.005) y el año pasado remataron la jugada con “Lauching Rockets. Tres discos tres ideales e imprescindibles sobre todo para entender el underground patrio, bastante más amplio e interesante de los que enclaustrados en sus fitos y sus flautas pudieran imaginar.
Pero como ya he dicho antes, donde Los Chicos ponen los intestinos en la barbacoa es sobre un escenario. No conozco a nadie, ni público ni músicos, que no haya salido aplastados de un concierto suyo. La sala patas arriba, las copas boca abajo y la gente sale del show como recién follada, como si dios, el verdadero, hubiese entrado en sus corazones. No conozco terapia mejor que un concierto suyo. Si en la colifata en vez de optar por hacer una radio hubiesen hecho como en Napa hace años con The Cramps y llevasen a los Chicos a tocar, pongo mis cojones entre las tijeras a que el nivel de curación alcanzaría máximos.
A parte de tocar y telonear a todo lo teloneable, son asiduos a todo buen concierto que se precie y siempre dispuestos a ayudar a otros grupos en sus giras.
Space Rock Heaters tuvo el acierto de traerlos hace ya varios años aquí a Cáceres, recién publicado su primer disco. La sala Machacona no había sufrido placer igual en su vida, un espectáculo que está y estará siempre en la retina de todos los que allí estuvieron presentes. Aquella caja de galletas se transformó en una iglesia del Harlem donde la prole granuja se movía a todo ritmo con el alma borracha de John Belushi.
Años después regresaron a la primera edición del Grande Rock Festival que se celebró en Jaraíz (Atentos que este año es en Cáceres). Si el nivel de todos los grupos llevaron al público a las nubes, Los Chicos los mandaron sin motor hasta la estratosfera. De los mejores conciertos que he visto en mi vida.
Por poner un símil gastronómico, que de esto ellos saben más que de sobra, Portishead serían a la música lo que Adriá a la sartén, es decir, algo pretencioso, selecto, elitista, grandilocuente, snob y vacuo, Los Chicos serían una fabada de toda la vida, salvaje, explosiva, nutritiva, sana y para todo el mundo, como es el puto rock & roll.
Beck, el músico tótem de la generación X, comentaba en una rueda de prensa que su grupo español favorito eran Los Chicos. Tonto se ve que no es el chaval, así que si mis palabras no te llegan hazte caso del niño bonito de los 90.
Pasaos por su blog y lo comprenderéis todo. Grandes de verdad, lo que tú no eres.
http://loschicosrocks.blogspot.com/