15-09-2008
Cuando sale el tema del mangoneo literario siempre salta a la palestra Ana Rosa Quintana. Pero Miss Botox no es la única Mili Vanili de las letras, aún es más, en terrenos más mundanos, dominados por simples mortales como es la prensa musical, también se pisan boñigas. Veamos pues patéticos y habituales encajes de corcheas en tan enfagadas aguas, eso si, sin mancharnos mucho que tratar esto en profundidad es ciertamente repelente. El caso más frecuente es reseñar un disco sin haberlo oído. Incluso hasta pagando dinero a esos sacamantecas le quitan el precinto. Como mucho se leen la hoja promocional. Hay medios en los que hablar o no de un grupo no viene dado por que el mismo haya impresionado al redactor de turno, sino por la cantidad de pasta que se haya puesto. Así hace poco un músico me comentaba que al enviar un disco promocional, en este caso a publicaciones de melenas al viento y manos cornudas, instantaneamente recibía un correo con las tarifas donde se detallaban los precios para aparecer en su publicación. Tu disco es tan bueno como el color de tu pasta. Lo que en otros tiempos terminó con el mayúsculo escándalo "Payola" (aunque las razones del escándalo fuesen otras), ahora es el funcionamiento de gran parte de los medios, ya sean escritos, radiofónicos o esos cutre canales de video-clips que vienen a ser todos lo mismo.
Seamos serios: lo que hagan las cadenas del todo a 100 musical con artistas de quita y pon me importa un saco de pepinos. No computan, no existen, son otra cosa ajena a la música. "The real problem" es cuando desde palestras supuestamente serias o con solera se realizan prácticas que harían llorar a Chuck Norris. Otro forma muy utilizada es reseñar conciertos sin haber estado o sin verlo. Hay gente, periodistas, que escriben las crónicas antes de que sucedan basándolas exclusivamente en los datos recibidos sobre el grupo en cuestión aderezado con cuatro topicazos baratos. Esto viene dado por tres razones claras: un morro de oso hormiguero, no tener ni puta idea, por que lo mismo te cubren una convención ferretera que un festival o la falta de respeto por parte del medio en el que escribe al evento en cuestión, más interesado en que le rellenen hojas que en contar algo. El colmo llega ya cuando esto sucede en un libro. Un reputado periodista con la cara llena de sus propias huellas firma un capítulo de un libro sobre cierto movimiento musical y se queda más ancho que pancho calcando párrafos enteros de otros autores que se han enterado que aparecían en dicho libro después de comprarlo o de recibir la llamada de amigos. Mientras escribo esto, el pirata cojo no se ha pronunciado entonando un mea culpa. El corta y pega se ha convertido en muchos casos una nueva forma de periodismo, acentuado sobre todo desde la llegada de internet, tema éste que encima permite que al aficionado a la costura lo pillen antes de que cuente cinco. Y es que ni el supuesto underground, supuesta isla de integridad, se salva de la quema.
En todos los medios hay tunantes que juegan con el trabajo ajeno, siendo estos en muchos casos los que parten el bacalao. Y es que a falta de talento, bueno es jugar al Teto. Si yo los entiendo: ser honesto cuesta mucho trabajo y es poco rentable, así que seguid robando y estafando a lectores y grupos, que siempre habrá quien no le importe cuando el dolarín tintinee o pueda presumir de aparecer en tal o pascual lugar o codearse con "nosequién" fulano. Penoso.
La semena que viene ya volvemos con los grupos, bastante más edificante dicho sea de paso.