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Peligroso dingo
17-11-2008
Australia, Australia, We love you!!!. Esto cantaban Monty Python en uno de sus maravillosos Sketch y razón no les faltaba. País extraño, fascinante en todos los aspectos y floreciente páramo en lo que se refiere a bandas de rock. Paradójicamente del tipo que nos vamos a ocupar hoy nació en Nueva Zelanda, pero su carrera musical se forjó en el país de los prisioneros, las plagas absurdas y la fauna de fantasía.
SPENCER P. JONES es uno de los grandes representantes de la música de las antípodas. Partícipe de multitud de bandas es con la jauría de criminales BEAST OF BOURBON donde alcanza una mayor repercusión. Banda tan recomendable como peligrosa tanto en los musical como en la actitud de sus componentes, ahora mismo defenestrada tras su gira europea debido a un kamasutra de sustancias tóxicas, choque de egos y la espantada a mitad de gira que hizo nuestro querido Spencer, que dejó a la banda colgada unas cuantas fechas. Un anárquico pandemonium que explotó de la manera que todos podían adivinar.
No es el señor Spencer P. Jones un tipo fácil. Politoxicómano orgulloso, rocoso en el trato, esquivo con la de la guadaña y totalmente perdido en su mundo antisocial, situación ésta que de momento no ha mermado su talento aunque si ha podido dejarle fuera de combate más de dos veces al excederse en su ya de por si excesivo modus vivendi.
En los musicales tiene una carrera en solitario más que interesante. Con un ojo siempre puesto en Dylan, sus discos poseen multitud de matices en forma de rock, country, blues e incluso gotitas de punk, que mecen unas letras de carácter autobiográfico, sin atajos ni complejos.
Esa mezcla tan sabrosa que el vomita de forma tan personal es lo que le hace ineludible.
De sus discos por libre, es sin duda el "Fait accompli" (2.003) el ideal para introducirse en su peculiar planeta desastre. 12 canciones que completan un disco perfecto, de lo mejor que se ha grabado en el siglo XXI.
Su último disco editado hasta la fecha es "Fugitive songs" (2.007), lanzado en vinilo en la piel de toro por Bang Records, en una edición preciosa en la cual la portada se abre para descubrirnos un cuadro en tonalidades verdes y amarillas de un borracho acojonado de frío en la calle. Totalmente explícito, como si fuese un óleo del alma de este bandido.
Mientras juega al escondite con satanás, riéndose del cornudo que no le logra dar caza, y hasta que le vea la jeta al dingo de tres cabezas, disfrutemos ahora que aún podemos de su hedonista, energética y dramática forma de hacer música. Siempre cabe la posibilidad que su último disco sea su desgarrado canto de cisne.