Avuelapluma

No hay usuario con ese identificador18

Desvaríos sin toxinas en La Mayor

12-01-2009

Hacía bastante tiempo que no me colgaba unos auriculares y salía a dar un paseo por la calle. Hoy me pareció un buen día ya que no tenía ganas de que retazos absurdos de conversaciones ajenas se internasen en mi mente aunque tan sólo fuera unos segundos.
Lleno el Pen-drive de canciones (el I-Pod se escapa a mi patético presupuesto, ese que tiene que ver con trabajo precario, mal pagado y peor valorado, en el caso que lo haya que esa es otra) y a la calle.
Sudor y miedo. Quizá algún esbirro de la SGAE me haga levantar los brazos y me empuje contra la pared cual presunto terrorista para cachear mi reproductor portátil sin  pensar que ninguna de las canciones ahí insertas pertenecen a ninguno de sus representados, que tenga los originales en casa, que sean canciones que los grupos han distribuido gratuitamente o que pertenezcan a discos descatalogados. Las corbatas siempre fueron sordas y los bolsillos muy anchos.
De momento nada y mientras pienso esto, un perro deja sobre la acera un 2.016 tamaño King Size. Esquivo como puedo las deposiciones perrunas y la humanoide. Llegaremos lejos. Estamos cerca.
En el "refritador" de mp3 suena "Parchman Farm Blues" de Bukka White. Ni con cola. Escuchar música por la calle es algo más que eliminar el sentido de la audición. Es intentar crear un lienzo único, una mini película entre los sonidos y el ambiente mediante una fusión única que provoca unas sensaciones nuevas sobre algo ya más que trillado,  cosa que aquí es bastante complejo, sobre todo con la calle llena de gente, por que de noche, cuando todo el mundo se arremolina en el sofá expectante ante una nueva expulsión de gran hermano o viendo como bailan y cantan seres con verdaderas taras mentales en un concurso absurdo, sí que es posible generar un estupendo microclima. ¿Qué canción sería un guante a esa mano cacereña? Hank Williams? Stooges? Public Enemy? Andre Williams? Nada de nada. Y encima, con los oídos en pleno orgasmo decibélico, se dispara el sentido de la vista y cobra una nueva dimensión (y yo pensaba que era feo).
La banda sonora de esta ciudad son los ronquidos, los cláxons de los coches, las voces de los analfabetos y los gritos de los hambrinas.
Después de 12 años de alcanfor y 4 años de teto, lo hemos conseguido: ser 2.016 veces más ridículos.
Con el esfuerzo todos, osea, la ausencia del mismo, hemos podido comprobar que debajo del fondo hay todavía más agujero.
¿Qué coño tiene esto que ver con lo que hemos empezado? Pues nada, pero cuando uno empieza a relativizar sobre el pueblo en el que vive se acaba estrellando con el mismo muro, duro y frío, aunque este haya sido declarado patrimonio de la humanidad.
Esperemos que esto cambie cuando echar pan a las palomas sea una actividad lúdico-cultural-deportiva subvencionable. Sed felices, quereos mucho.

Bombo aleatorio

SOCORRO
Que alguuien le quite a Solbes el libro de Marx.Pedrito,es Karl y no Groucho ¿Vale?
13/01/2009
Losdelparo

Noticias más leídas

La cara oculta del facebook

Últimos ejemplares

© Avuelapluma Comunicaciones. avuelaplumacaceres@gmail.com / 927 246 892
Diseño y programación DS-Multimedia