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Benditos seais
02-02-2009
Que la visión desde un escenario australiano del satélite comunista sputnik surcando los cielos fuese interpretada por Little Richard, en plena confusión mental, como una señal del todopoderoso y abandonara las garras de su sello Specialty para caer en las no menos explotadoras de la Iglesia de turno, no deja de ser tan gracioso como paradójico.
Arrepentidos los quiere dios y en el mundo del rock ha habido más de uno, que no pudiendo soportar su propia carga, se la cede al creador a cambio de convertirse en uno de sus mejores embajadores, que no son otros que aquellos que debido a su carisma, éxito y una carretilla cargada de culpas son los ideales para llevar nuevas ovejas al redil y más cifras a las cuentas corrientes.
Ya lo dijo Ron Hubbard, escritor de ciencia ficción reconvertido en líder de la cienciología, "me gustaría comenzar una religión. ¡Ahí es donde está el dinero!".
El pequeño Ricardo no es el único que abrumado por las dudas, la incapacidad de aceptarse como era y el sentirse estafado por la industria se lanzó a la piscina divina.
Hace pocas fechas Santana se retiró, aquí hay que dar gracias a dios o a quién corresponda, para ser predicador o Michael Jackson, ejemplo claro de infraser, anda coqueteando con el Islam en un intento desesperado de unirse a algo que pueda salvarle su desteñido culo.
Wayne Cochran, el gran soulman blanco querido y respetado entre otros por Otis Redding y versionado hace no mucho por Pearl Jam, decidió dejar de lado los peinados imposibles y los ropajes llamativos, aquellos que inspiraron al mismísimo Elvis en su etapa de Las Vegas, para ser una de las voces de Jesús.
Hay bastantes más ejemplos, cientos, tales como Bob Dylan alternando con Juan Pablo II, el recientemente fallecido Isaac Hayes seguidor de la cienciología, Cat Stevens que ahora se llama Yusuf Islam o Cliff Richard que aboga por un enfoque menos intelectual de la religión por otro más simple, para ver si así alguien entiende algo y se llega a más gente. Richard se olvida que la mejor operación de marketing de la historia consistía en que no hacía falta entender nada, simplemente abrir la boca y tragar. A eso lo llamaron fe.
De todos ellos me sigo quedando con Lemmy de Motorhead, que a sus ciento y pico de años hay dos cosas que no pasan por su curtida garganta: políticos y religión.