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La vida en una TDK de 90
09-02-2009
En plena era de los "aipod", "bluberris" y su puta madre, me encuentro escribiendo esto mientras suena una cinta en el cassette. Un lector de la columna, gran fan y conocedor de la música popular del siglo XX a la par que una verdadera eminencia en lo que se refiere al country y sus orígenes, ha tenido a bien en transformar surcos de sus vinilos en 2 cintas de 90 con lo más representativo de la música americana por excelencia y regalárselas a un servidor. Uno que es, al margen de cuatro nombres claves y algún que otro recopilatorio, un desconocedor de todo este tipo de sonidos, tengo ahora la oreja más contenta que el ejército israelí tirando casas en la franja de Gaza.
Y es que, yo no sé vosotros, pero a mi me amamantaron musicalmente las TDKs de 90. Dinero bien poquito había para comprar vinilos y cds, así que cuando no me encontraba a la busca y captura de ese colega que tenía el último y necesario disco (la turra que he podido dar dios mío!!!) me encontraba rebuscando en las series medias y en las ofertas.
Así, en casa de mis padres debe haber más de 1.000 cintas, algunas de las cuales contenían hasta 4 discos enteros. Muchos de ellos fueron cazados posteriormente en vinilo para mi propio regocijo. Curioso esto, ha sido el 2.008 en año que más discos he comprado en mi vida. Unos cuantos cds y un buen número de rodajas negras. En estos tiempos de tan cacareada crisis de la industria discográfica mi bolsillo ha puesto su granito de arena para que no se hunda. Lo más gracioso de todo es que mis compras nunca aparecerán en las estadísticas de copias vendidas, ya que el problema es que no se vende el "producto" que los amos del negocio quieren al volumen que desean. Si realmente hay una crisis en el mundo de la música esta se haya sin lugar a dudas en la música misma: canciones de mierda, grupos de mentira, concursos que con la excusa del cante y del baile enmascaran patéticos "reallytis" dirigidos únicamente a crear iconos vanos o como mucho un triste politono, radiofórmulas para bocacabras, grupos de ancianos y defenestrados que vuelven en busca de un trocito de pastel, copias de la copia de la copia que sueñan con laureles y orgías en hoteles, gente sin paciencia que no dudan en prostituir su música por razones meramente comerciales, funcionarios de los instrumentos, ferias de ganado mal llamadas festivales donde la música es algo secundario o terciario, salas poco o mal acondicionadas y un público, que a pesar de tener acceso directo a todo tipo de música sigue contentándose con lo mismo de siempre, con lo que le venden cuatro gurús trasnochados o con aquello que le permite sentirse dentro de un grupo, revistas que vitorean combos por la única razón que han soltado la pasta… esta es la verdadera crisis. Mataron la gallina de los huevos de oro, ultrajaron su cadáver y ahora sólo huele a pollo muerto.
A mi, sinceramente me la pela. Seguiré comprando mis vinilos, grabando mis discos y escuchando cintas tan maravillosas como las que me ha grabado Rafa.