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High Abadía Rock & Roll Volumen Two

09-03-2009

En el internado yo no era un chico malo o gamberro, aunque algún cura sí lo pensase y llegó a decirle a mi madre el mismo día que me largaba del colegio:
-"Este muchacho o cambia o va a ser un desastre en esta vida".
Mi madre se tomó esto muy en serio y eso que se lo dijo un hombre con faldas. ¿Malo? ¿Gamberro? Lo que no era es idiota, algo no muy bien visto en el ganado estabulado. La disciplina era férrea y en muchos momentos netamente absurda y era ante las prohibiciones gilipollas a las que aquel niño que fui no atendía a razones. Una de las que más me tocaba mis pequeñas pelotas era lo referente a la música. Sólo podías disponer de tu walkman los domingos. Lo recogías por la mañana y lo devolvías por la noche. Las mañanitas del Rey David me producían sarpullidos ya en aquel entonces y verme privado en el místico Mauthausen de chutes decibélicos no entraba en mis planes, así que como cualquier persona decente negué la existencia de mi walkman y lo escondía durante toda la semana. El problema es que como no existía no podía ser visto, así que el rock actuaba como ronroneo antes de dormir a volúmenes infamemente bajos. Un verdadero crimen.
Cuando se descubrió el pastel y me secuestraron el aparato, pues hubo que recurrir a maniobras más osadas. Los sábados por cojones había que hacer deporte. Por cojones a mi no me daba la gana, así que fingía dolores, me escabullía dentro del colegio, me arrastraba por el claustro (el gran hermano no descansa) y me colaba en una pequeña salita donde había un pequeño transistor. Y allí echaba los ratos muertos, tirado en el suelo, con los cascos puestos y cada minuto quitándomelos por que oía ruidos raros y pensaba que la Gestapo había localizado a Ana Frank.
Lo curioso de todo, es que a pesar del nulo respeto que me tenían esos hombres de dios, si había algún problema relacionado con el tema musical recurrían a mí.
Así, el Sheriff del convento me hizo llamar a su despacho para que le arreglase una cinta de casette rota. Mi pericia arreglando esos trastos era total y minuciosa, logrando empalmes en la cinta con resultados tan increíbles que incluso no llegaban a notarse.
Una vez terminada mi tarea de mecánico, al momento de devolverle al abad su preciada grabación y antes de que me diese las gracias, le "obligué", aprovechando las circunstancias, a que me grabase un disco que me habían pasado. Lo cogí por sorpresa y no se pudo negar. Así conseguí el recién editado primer largo de Negu Gorriak. Ni más ni menos me lo grabó un cura. Eso si, con el dubbing puesto.

Bombo aleatorio

Diputados
En lugar de ir al Congreso, va a televisón.Esto parece Bambi en el Pais de las Maravillas.Diputados en el nombre llevais la penitencia.
27/01/2009
Parado

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