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High Abadía Rock & Roll Volumen Three

16-032009

 Cuando estás en un internado de curas, la mejor forma de despertarnos a todos a la vez, era poniendo música. Esto se hacía a través de un cassette conectado a una serie de altavoces por toda la planta. El cassette se encontraba dentro del despacho del cura que estaba a nuestro cargo, como un jefe de planta del Corte Inglés pero con el teléfono de Dios en marcación rápida. Dicho "Padre", no se si llevado por el eslogan "dejad que los niños se acerquen a mi" (algo que por cierto él transformó en "dejad niños que me acerque", como pusieron de manifiesto una serie de denuncias posteriores), nos dejaba poner música a la muchachada para que el despertar fuese menos traumático y así conseguir diferenciar un día de otro.
Esto provocó un revuelo entre aquellos que nos gustaba la música. En un principio había una  mínima organización basada en el orden a la hora de elegir los días que nos tocaba a cada uno. Todos aceptamos democráticamente los días que nos tocaba sin rechistar, pero ya sabemos que la democracia funciona bien mal y poner música una vez cada 15 días era un aliciente bastante pobre para todos nosotros, así que cada monigote se transformó en un comando revolucionario y comenzamos a movernos al margen de la ley con patrañas tales como incursiones a última hora y cambiar la cinta reventando el turno con premeditación, nocturnidad y alevosía.
Al margen de este problema típicamente humano, existía otro, por lo menos en mi caso. Ciertas cintas que me apetecía poner eran ofensivas o decían demasiadas frases malsonantes. A los ojos de los "Men in Black" no eran recomendables para inocentes imberbes de 11 años aspirantes a ganarse la vida como comerciales del Vaticano. Eran cintas secretas prohibitivas en aquellas recónditas paredes construidas desde el amor al prójimo y al arquitecto celestial. Con este panorama había que recurrir a extremos del todo surrealistas para conseguir que, por lo menos en los despertares, aquello pareciesen un garito, eso si, sin que la policía de San Pedro chapase el invento por demoniaco. Esas surrealistas artimañas, en este caso dolorosas, consistían en  grabar un silencio encima de los tacos que contenían las canciones o controlar el tiempo al extremo para que no saltase algo parecido a "Cuanta puta y yo que viejo".
El resultado final fue un montón de canciones mutiladas, un desastre organizativo y que nos eliminasen el privilegio de manera permanente y a toda prisa. Alzacuello´s Rock Party había muerto. Ay señor, señor, si Pajares recuperase los hábitos...

Bombo aleatorio

dirección
Si alguien sabe la dirección de Dios,que la publique:se me ha perdido un amigo y no se donde escribirle.No me vala la de la iglesia oficial
27/05/2009
parado

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