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Whats My Name: Andre Williams
23-03-2009
Que la vida te de una segunda oportunidad para poder enmendarte es algo de agradecer. Cuando esto sucede sabes que no puedes cagarla más o acabarás tocando una lira. Con ANDRE WILLIAMS hicieron falta varias oportunidades y parece que por fin, a sus 73 años ha encontrado la paz en vida.
Después de una existencia dedicada casi en exclusiva a vicios de todo tipo, adicciones salvajes y una larga y desconocida temporada viviendo en la indigencia, ahora puede presumir de ser un feliz hombre casado, con suelto en el bolsillo y poseedor de los derechos de sus canciones. El adosado que le había reservado Lucifer en el infierno lo tendrá que ocupar otro inquilino.
Un tipo que ha coescrito “Shake tail a feather”, que interpretaran Ray Charles y los Blues Brothers en “Granujas a todo Ritmo”, que ha compuesto para Ike & Tina, Funkadelic o the Countors, que ha colaborado con Steve Wonder, que incitó a Berry Gordi a montar ese sello llamado MOTOWN, merece, aunque sea tarde, disfrutar del lado menos salvaje de la vida.
Su estilo musical, basado sobre todo en su característica forma de cantar arrastrando las palabras como si fuese recitando y la precariedad con la que se grabaron sus primeros discos, da como resultado R&B precario, atonal, sucio, sexual y como bien han definido muchos, “grasiento”.
Este sonido ha sido de gran inspiración a muchos grupos posteriores, como bien queda demostrado en su “segunda venida” allá por el 96, con manos a manos con la Jon Spencer Blues Explosion, los Dirtbombs o the Sadies.
A pesar de que gozaba de gran popularidad en esa época, el nivel de farlopa y alcohol al que sometía s cuerpo, ya entrado en años y castigado desde siempre, hizo bajar el nivel de sus shows y ya nadie daba un duro por él.
El año pasado pude verlo en directo y fue impactante. El Corleone del ritmo nos regaló un precioso y emotivo show. Su voz nunca ha sido gran cosa y menos ahora, sus artes para la danza han quedado atrás, pero lleno cada palmo de aquel pequeño pabellón. Como a buen “Padrino, cuando se bajó del escenario, besamos su mano en señal de respeto y soltó una carcajada de irrealidad y satisfacción. Sigue siendo una divinidad menor, pero divinidad al fin y al cabo.
No más alcohol, no más colombiana, no más perseguir chicas, no más comer cerdo. Gracias a que puedes contarlo y cantarlo.