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Haciendo el gurután

20-04-2009

Finiquitadas ya esas fechas de recogimiento, donde uno ha hecho lo propio recogiéndose de las procesiones en casa o en los bares, y estando en uno de estos altares de ateos y viciosos, un lector de la columna me dijo:
-“Me gusta más cuando escribes historias que cuando hablas de un grupo de música”
Aún no estando de acuerdo con él, ya que lo único importante de esta columna son los grupos que aparecen en ella, no le voy ha hacer un feo al muchacho.
Hace unos años llevaba a modo de regalo a mi novia a Lisboa a un Festival que se ajustaba a sus gustos musicales. Entre otra serie de grupos actuaban Dirty Pretty Things y The Strokes.
Una vez llegados al recinto portuario y apabullados por un calor achicharrante, me entregué bien temprano al bebercio para mitigar las salvajes acometidas de Lorenzo en mi colleja.
Fueron cayendo grupos uno tras otros amparados con un excelente sonido a la vez que la “superbock” enfriaba mi gaznate.
Ya pasada la media noche llegó el momento de los Newyorkinos The Strokes. Aunque tengo una nula querencia por esos tipos, tengo que reconocer que ciertamente no lo hicieron mal, con un público metido en las alforjas nada más posaron una bota en el escenario.
En primera fila y con la vejiga como un balón medicinal, me dirigí a los portátiles para “hacer del uno”. Me sorprendió y mucho que atravesar tanta masa humana resultase tan fácil, ya que la gente se echaba a un lado para que pasase, igualito que aquí en las Españas. Sorprendente también la nula presencia de productos típicos de Colombia en los organismos de nuestros vecinos portugueses, cosa impensable por aquí, que cada vez que hay un festival, una cena de empresa o un triste bautizo se dispara el producto interior bruto del país de Higuita.
De vuelta a primera fila y ya acabando el concierto, el vocalista de The Strokes se lanza al foso y se acerca a la valla para vocear a los “meninos”. No se si fue por la visión de la flamante chupa de cuero que llevaba o porque me estaba aburriendo y quedando sopas, no se me ocurrió otra cosa que agarrarlo por la “pechera” e intentar meterlo entre el público. El caso es que cuando ya tenía medio cuerpo del fulano fuera de su zona segura, un aluvión de seres venidos de todas las partes del público, cuales vikingos locos, se abalanzaron para tocarle o sabrá dios qué. Me empujaron, casi voy al suelo y se me cayó la gorra. Un momento de duda ¿Acabar la orangutanada? ¿Echar mano de la chupa del Casablancas? ¿Coger mi gorra? Triunfó el amor, me decidí por la última opción y malgasté toda oportunidad de llevarme un bonito souvenir ya que en menos de nada el séptimo de seguridad lo había rescatado de las huestes indias.
El concierto acabó, dormimos en el coche que encima dejé con la puerta abierta y nos volvimos a casita.  Los dos lo pasamos de puta madre.

Bombo aleatorio

para la cacereña mas guapa de los palacios
Belen,te quiero mucho,.Caceres es una ciudad muy bonita,con magníficos monumentos... pero el mas presiado y bonito me lo he llevado yo par LOS PALACIOS
20/05/2008
manuel

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