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Una historia de amor

28-02-2008

La verdad es que no estuve muy atento hace unas semanas y se me pasó rociar con flujos almíbarados mi columna en la fecha de San Valentín según mandan los cánones del individuo socialmente aceptable y aceptado. Como todo tiene solución menos la estupidez, pues hoy os voy a contar una bonita historia de amor, la que protagonizaron LOU REED y RACHEL.
La relación entre Lou Reed y Rachel es una de las más fascinantes de la historia del rock. Partiendo de que el EX-Velvet Underground no es lo que se dice un prodigio en el campo de las relaciones sociales (No sabemos si los electroshocks que recibió en la adolescencia para “curar” su homosexualidad tiene algo que ver, pero no hay nada más que pasear los ojos por la biografía “Lou Reed” de Victor Brockris para ver que era una mala bestia, insensible y egoísta como pocas se hayan visto) pero su corazón también se sacude como un reo en la silla eléctrica si tocas los resortes indicados.
Comenzaron a salir en otoño de 1974, cuando Lou conoció a un peluquero transexual con una exótica belleza derivada de su mezcla india y mejicana llamada Rachel.
Lou se quedó maravillado con ella. Una mujer con carácter a la cual le importaba bien poco la carrera musical de Lou hasta el momento, aunque más tarde se ocupara de sus asuntos profesionales, al margen de ser un bálsamo en su descontrolada personalidad y modus vivendi.
Rachel activó las neuronas poéticas de Lou dando como resultado “Coney island baby” (que cierra el álbum del mismo título) tomando a ella como referencia. Publicada en 1976, fue adoptada por el colectivo gay como himno, que en aquellos momentos comenzaba a asomar las cabezas de las catacumbas para luchar por sus derechos a ras de calle.
Hasta 1978 vivieron un intenso romance que murió cuando Rachel se hartó de él. Lou reconocería que la ruptura le hizo mucho daño y que la amó profundamente, algo bastante inusual en el newyorkino que gastaba una retorcida mala baba contra todo aquello que frustraba sus intereses.
Y es que amigos míos, el amor es el amor, algo natural que nace de dentro sin saber por qué ni a donde se dirige por mucho que los adalides de la moral y amos de la rectitud se empeñen en lo contrario (curiosamente todos ellos son hombres con falda).
Para esas fechas Lou ya había compuesto lo mejor de su carrera, si bien hasta la actualidad sigue editando discos interesantes, pongan su ojo sobre todo en los dos primeros discos de la VELVET UNDERGROUND, el de la portada del plátano para que nos entendamos y “White light/white heat”. De su carrera en solitario me quedo con “Transformer” (1972), uno de sus discos más directos, producido por Bowie y que contiene canciones que todos comocéis como “The perfect day” (que salía también en Trainspotting), “Satellite of love” o “Walk on the wild side” y esa maravilla conceptual llamada “Berlín” (1973), más denso que en anterior, incomprendido en su tiempo y ahora reconocido por todos como una obra maestra.
Pues eso, a quererse mucho y a practicar el coito, una de las pocas actividades de ocio que aún se pueden realizar libremente sin ser manejadas por las instituciones terrenales, las elevadas son otro cantar.

Bombo aleatorio

reina
Hacen falta setenta años para decir lo que pienso.No merece la pena ser reina.
04/11/2008
erpepe

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