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El canto del bobo
28-09-2009
Hoy os voy a contar un cuento que no por trillado y habitual deja de ser válido. El cuento se llama “The great Rock & Roll Swindle”.
Era se una vez una multinacional que después de una reunión de sus corbatas andantes y sordas deciden crear un grupo de música. El grupo debe ser joven, con integrantes guapetes para enamorar niñas y con un toque de rebeldía controlada para clases pudientes.
Para ello se organiza un casting donde se presentan multitud de seres con ansias de fama. El elegido es un aspirante a actor en horas bajas. Se graba el primer disco y se promociona a golpe de euro. A pesar de los esfuerzos monetarios y el apoyo de las más relevantes revistuchas y emisoras de radio y TV, el invento no despega.
En esto que aparece un anuncio en TV adornado con una vieja canción de Camilo Sexto. Por el arte de la repetición y el atontamiento general, dicha melodía se empieza a poner de moda. El Lord Vader de la multi actúa rápido y obliga al grupo (o a los músicos de estudio, que la cosa no está muy clara) a grabar una versión de dicha canción y editar a toda ostia una nueva edición del debut incluyéndola. La burda jugada sale perfecta y después de muchos dimes y diretes el grupo ya es una estrella.
Ahora llegan los problemas del segundo disco. Al limón de plástico se le puede extraer más zumo de PVC. El grupo entusiasmado se declara contento ya que en esta segunda puesta de largo han intervenido algo en el LP. Todo marcha sobre ruedas. El frontman del grupo recupera su carrera como actor y empieza a aparecer asiduamente en series y películas debido a la fama del grupo. Actúa al mismo nivel que “pozi” haciendo de Vito Corleone, pero no importa, es un gancho perfecto para el target de audiencia seleccionado. El grupo se mantienen en la cima a base de discos donde se muestran como verdaderos antisistemas en esas dura lucha que es que te dejen entrar en una discoteca con all stars, mezclando esto con ataques de ternura dulcemente electrificadas. El héroe de los niños de cienpocielos. Es tal el éxito que consiguen hacer volver a los nefastos G de Gilipollas.
A pesar de estar en la cima, ni tocan, ni saben actuar, pero eso es lo de menos: las cuentas cuadran y la juventud tiene su dosis de banalidad adolescente de la que los padres no deben preocuparse.
Y fin del cuento.
Esta historia me recuerda a una entrevista que hicieron hace unos años al grupo Sexy Sadie. En una pregunta sobre operación triunfo contestaban que cuando el circo triunfito comenzó ellos se alegraron mucho por que así vería la gente como se fabrica un grupo de mentira y los odiarían prefiriendo a los grupos de verdad. Se declaró a si mismo un iluso. Tan iluso como los concursantes, que buscando una fama rápida se encuentran en manos de malévolos seres sin ningún ápice de independencia de ninguna clase, incluidos los que se comen los mocos, que son casi todos.
Ay!! La crisis de la industria.