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Emilia

Sin alevosía

Emilia

8-02-2010

Ella se había acostado aquella noche con el miedo metido en el cuerpo como le sucedía  desde el día en que, harta de soportar a su marido, decidió denunciarlo.
Había cerrado puertas y ventanas, había echado la llave, había mirado detrás de los visillos por si lo veía merodeando por la calle, y había repetido todas las rutinas que hacía como una autómata cada noche.
Barreras inútiles para el odio, para el rencor del que no podía comprender que ella ya no era suya, que había decidido volar sola, con sus hijos, lejos de quien le pegaba y humillaba a su antojo. Y pasó lo que pasa, desgraciadamente, con tanta frecuencia, que, con la llave robada, entró en la casa, la apuñaló, la pateó y le retorció el cuello hasta  dejarla por muerta.
La historia interminable de tantas mujeres.
Hoy, María, es un ser dependiente de una silla de ruedas, dependiente de alguien que la alimente, dependiente de alguien que la lave, que la acerque a la ventana, que la levante y la acueste. Hoy no tiene vida propia. Hoy es una tetrapléjica, a golpes, pero sin alevosía.
Supongo que si algún consuelo le quedaba era el deseo de ver que la justicia castigaría a su agresor, con la dureza apropiada a una acción tan extrema.
Pues ni ese consuelo va a tener, pues la justicia española, en una interpretación que pocos se atreven a compartir, ha decidido rebajar la pena del maltratador  cuatro años, porque no ha habido alevosía.
En cuestión de violencia de género, los jueces españoles a veces nos sorprenden con sentencias desconcertantes, que no se entienden, que se alejan tanto del sentido común, que dejan un regusto de desconfianza en la acción de la justicia.
El leguaje es polisémico y las palabras tienen muchas acepciones, pero decir a una tetrapléjica, a la que han dejado postrada de por vida, después de una orden de alejamiento, que no hubo alevosía, es situar a algunos jueces en una urna de cristal en la que ni siquiera comparten el lenguaje del resto de los mortales.

Bombo aleatorio

PINOCHO
Sonso dile a tu Zapa que sí:a Pinocho le crecía la nariz al mentir,pero a él no le va a crecer esa otra cosa.
12/01/2009
FUNCIO

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