
Por los suelos
Goyo 8-02-2010
En los países colocados en el centro de la Europa culta, el del "empedraó" es uno de los oficios mejor pagados: empedrar las calles con "pavés"; es decir, pavimentar, requiere la habilidad de componer los planos del suelo de forma que el agua no se embalse, el tobillo no se tuerza y la vista de la calzada decore la fila de casas. En nuestra vecina Portugal aún se protegen estas ocupaciones y muchas de las plazas y calles hermosean con trabajos dignísimos de suelos bien dibujados en blanco y negro.
En nuestra cultura, el hormigón y el asfalto han pisado (ese es el término exacto) la belleza y habilidad del empedrado. Hay excepciones, como algunos suelos de las calles y plazas que sirven para que aquella ciudad definida hace cinco siglos siga siendo monumental.
Los suelos de callejas, plazas, algarves y calles de la parte antigua de la ciudad cacereña atesoran ejemplos abundantes de la mezcolanza constructiva. Seguro que muchos albañiles metidos ocasionalmente a empedradores, se esforzaron en realizar reparaciones de suelos tratando de confundir a la perfección la obra nueva con la obra vieja; el resultado es que no se aprecia diferencia de color del mortero, de los tonos de las piedras elegidas, de sus formas parejas al entorno y de la colocación para que parezca que la avería de agua o la canalización tecnológica no ha supuesto huella de chapuza.
Desde que se inventó eso de las dosis (tanto de cemento y tanto de arena) y se aprendió a distinguir los tipos de arena y su coloración final,... las imitaciones y ejecuciones "a lo antiguo" ofrecen trabajos de calidad excelente. Pisando los suelos, algunos trozos de suelo de la Plaza Mayor, de la Plaza de Santa María y aledaños, de la Plaza de San Mateo y alrededores,...apreciamos trocitos de chabacanería, basta dar un paseo por los suelos citados para comprobar cosas peores a lo que escribo. La duda que tengo es que no sé a quién echarle la bulla por el monumental desaguisado, si al peón, al oficial, al técnico o al concejal de la cosa.