07-04-2008
Hoy vamos a cambiar de tercio. No os contaré los sonidos y aventuras de algún grupo musical aunque seguiremos hablando de música… es un decir, ya que nos zambulliremos en el oscuro mundo de la música en los bares. Hace unas tardes por azares del destino di con mis huesos, ahora más envueltos en carne, a un bar en el que suponía, o me habían dicho o entendí yo mal, que se podía escuchar música decente.
Cuál fue mi asombro cuando a mis maltratados apéndices auriculares llegó ese sonsonete tiulado "Sabor de amor" de Danza Invisible. Me tembló todo el cuerpo, se me erizaron todos los pelos y casi me caigo de culo del taburete. ¿Pero no había hecho la ONU algo al respecto, una resolución, un escrito implantando la pena de muerte o al menos el lanzamiento de estiercol al responsable de "pinchar" esta malévola sintonía? Pues parece ser que no. El susto inicial se tornó en pánico absoluto al cabo de cinco o seis temas y salí de allí todo lo deprisa que me permite mi pata de palo.
Entre los bisbaleos, las músicas del mundo perpetradas por "jipis" de residencial, el punk de todo a 100, el jevi metal de la bruja y el elfo, el tecnotronic chunda melón, los roqueros malotes que van de poetas y el etc, etc vamos de nalgas hacia las ortigas.
¿Tan dificil es encontrar un bar donde poder escuchar a Little Richard, Aretha Franklin, The Who, Jon Spencer, Stooges, Sweet, Roky Erickson, Stones, Kinks, Dr Feelgood, Dylan, Bo Diddley, Waits, Credence, Thin Lizzy, The Sonics, Flaming Groovies, Chuck Berry o The Damned por nombrar una ínfima parte de grupos?.Parece ser que si, bueno, a no ser que alguno de estos grupos aparezca adornando con una canción un anuncio de cereales para que cagues como un reloj o sea sintonía de una serie de TV.
Curioso resulta que te encuentres cada dos por tres a Amy Winehouse atronando en un pub, bastante digno lo suyo por cierto, y que les importe tres nabos y una zanahoria The Supremes o la misma Aretha a quienes alaban a la nueva musa de los modernetes de peluquería cara e ipod de colorines.
Esto no es nuevo, así que desde hace un montón de años me dedico a grabar discos a los bares que frecuento o ir directamente cargado con varios encima extorsionando al dueño con ellos. Al cabo de cuatro días estos cds pasan al olvido, generalmente algún avispado se lo lleva a su casa, pero ese ratito, en compañía de amigos, tomando una cervecita y sonando buena música hace que parezca que vives en el mundo real y no en el del politono chiki chiki manda un sms.
Parecía que con esto del internet y su puta madre, teniendo la gente la facilidad que se tiene ahora para acceder a todo tipo de música, iba a provocar que la masa se interesase por algo más que lo que obligan a que te guste, pero no. Si ya lo decía un músico español, del cual no recuerdo el nombre, que cuando empezó Operación Triunfo el tipo se puso contento por que ahora -"La gente se iba a dar cuenta como se fabrica un producto musical y la gente lo rechazará". Al rato se describrió a si mismo como un iluso.
En fin hijos míos, es lo que hay. Después nos preguntamos por la música en vivo, que si conciertos, que si grupos, cuando ni estos se preocupan por ir más allá de la pelusa de su ombligo, unicamente interesados cuando el beneficio les toca de lleno (ya sea tocando u organizando), o sea, la parte monetaria del negocio y huyendo del resto cuando su participación se limita unicamente a la de mero oyente. Andando en círculos andamos y en un espejismo tal que nadie se atreve a disipar, tratando como poco menos que histórico y con sonido de fanfarrias que en un sábado de abril hubiese 4 actuaciones a la vez en Cáceres, de las cuales 3 eran bandas locales, 2 de ellas de versiones, congratulándonos en pleno ataque de ombligismo (es hablar de Cáceres y aparecer esta palabra cada dos por tres) sin darnos cuenta que, por muy bien que esté todo eso, no deja de ser un momento puntual, anecdótico y con muy poco feedback en lo que supone intercambio de experiencias y sacar la nariz o dejar que otro la meta en esta nuestra ciudad, tan llena de estímulos, sorpresas y vida.
Otro día si me da la gana hablaré del tan cacareado tema de las dificultades para organizar conciertos en salas (situación absurda como pocas) y, también por qué no, del funcionamiento de las mismas, que tiene su cosa no os creáis.