El árbol de la vida
Light my life
Magnético tratado sobre la vida y la naturaleza centrado en el espíritu humano. Evocadora e inspiradora, El Árbol de la Vida no sólo toca la óptica también secuestra nuestra memoria proyectándola cómo un precioso álbum sobre la infancia
Terrence Malick es una “rara avis”. En plena época donde la mercadotecnia es el único sentido cinematográfico el director tejano representa el alma, la vida y la originalidad en forma de celuloide. Malick elige el camino de la gracia y lo divino en su último filme, El árbol de la Vida (The Tree of Life, 2011).
Alejada de cualquier tipo de convencionalismo, la filmografía de Malick ha mantenido una estrecha relación con la naturaleza y el espíritu humano. Desde Malas tierras (Badlands, 1973) hasta El nuevo mundo (The New World, 2005), pasando por Días del cielo (Days of Heaven, 1978) y La delgada línea roja (The Thin Red Line, 1998) han tratado el estrecho vínculo entre alma y natura. Esta escueta carrera le ha valido la consideración de director de culto. Cada filme con su firma representa el lado pictórico del cine, ese que desnuda al hombre, su esencia inherente, la luz interna que delimita su camino. Una experiencia extra-cinematográfica reflejo de una personalidad arraigada en la sombra, fuera del foco mediático y donde cada sutil y elaborado trabajo está provisto de un halo místico y personal. Algo que en El árbol de la Vida, ganadora de la Palma de Oro del pasado festival de Cannes, se eleva a la máxima potencia.
El filme supone una semilla para nuestra mente, la misma que tocó la imaginación de este autor, impertérrito ante el alocado ritmo cinematográfico actual. Un director que desafía las leyes marcadas y nos invita a un viaje a nuestro interior a través del sendero de la nostalgia. El árbol de la Vida concluye con una metáfora que recoge toda la esencia proyectada en estas cortas dos horas y media de metraje. La vida no es nada sin la muerte. Es el camino donde los recuerdos son un fiel acompañante. No somos nada sin ellos. Sea el camino de lo natural o de lo divino el elegido, nuestro espíritu es nuestra experiencia. Manténgase abiertos, sean fieles a sí mismos.
¿Cuándo tocaste mi corazón por primera vez?
Lo mejor: Impresionante despliegue técnico. La dirección de Malick.
Lo peor: Se pierde su mensaje por momentos. Pese a su originalidad pudiera ser considerada una obra menor del autor de Malas Tierras.
Nota: 8,5



























Comentarios
Buena....pero aburrida!
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